Sexo y meditación, un fantástico vínculo

Sexo y meditación, un fantástico vínculo

El cerebro es tal vez el órgano que mayor interés ha provocado entre los científicos. El hecho de que presumiblemente sea el recinto que guarda esa enigmática y polimórfica entidad que conocemos como mente lo ha destacado como favorito de las interrogantes que se ha planteado el estudio de la naturaleza humana.

“El cerebro es más amplio que el cielo”, decía Emily Dickinson, de algún modo intuyendo, o tal vez sugiriendo, el hecho de que ahí radica la esencia microcósmica (hay que recordar que existe una notable relación estética entre las redes neuronales y el diseño de las galaxias). ¿Es nuestro cerebro la manifestación física de ese código de acceso que nos permite jugar a ser dioses?

En diversos estudios dedicados a observar al cerebro en acción, el hemisferio derecho parece ser el lado sexy de este órgano. Se activa durante el orgasmo a tal grado que la corteza prefrontal derecha simula una especie de isla iluminada durante este arquetípico instante, en contraste con el resto del cerebro que aparece en completa penumbra.

Históricamente se le ha atribuido al hemisferio izquierdo el procesamiento del placer, pues este se activa cuando recurrimos a memorias que nos provocan felicidad, cuando recordamos a un ser querido, en aquellos momentos en los que nos sentimos simplemente grandiosos e incluso es el más activo en personas alegres que rara vez pasan por etapas depresivas.

Pero curiosamente durante el orgasmo, tal vez la máxima epifanía en torno al placer humano, el hemisferio izquierdo, en lugar de propulsar un meta-carnaval de reacciones gozosas, permanece completamente dormido. Y este neuro misterio ha intrigado enormemente a los hombres de ciencia que dedican su vida a analizar los comportamientos del cerebro.